EL CREDO DEL OPTIMISTA

Sabias palabras, de Christian D. Larson., que nos invitan a responsabilizarnos de nuestra vida, a través de una visión amable de la misma.
 
EL CREDO DEL OPTIMISTA
 
ME PROMETO A MI MISM@ ser tan fuerte que nada pueda perturbar mi paz mental.
 
ME PROMETO A MI MISM@ hablar salud, felicidad y prosperidad a cada persona que conozca.
 
ME PROMETO A MI MISM@ hacer sentir a todos mis amigos que hay algo valioso en ellos.
 
ME PROMETO A MI MISM@ ver el lado soleado de todo y hacer que mi optimismo sea una realidad.
 
ME PROMETO A MI MISM@ pensar solo lo mejor, trabajar solo por lo mejor y esperar solo lo mejor.
 
ME PROMETO A MI MISM@ ser tan entusiasta por el éxito de otros, como soy del mio propio.
 
ME PROMETO A MI MISM@ olvidar los errores del pasado y aferrarme a los grandes logros del futuro.
 
ME PROMETO A MI MISM@ llevar una expresión alegre todo el tiempo y dar una sonrisa a cada criatura viviente que conozca.
 
ME PROMETO A MI MISM@ darme tanto tiempo en mejorarme a mi mismo que no tenga tiempo de criticar a otros.
 
ME PROMETO A MI MISM@ ser demasiado amplio como para preocuparme, ser demasiado noble como para enojarme, ser demasiado fuerte para el miedo, y demasiado feliz como para permitir la presencia de problemas.
 
ME PROMETO A MI MISM@ pensar bien de mi mismo, y proclamar esta realidad al mundo, no en altas palabras, sino con grandes hechos.
 
ME PROMETO A MI MISM@ vivir en la FE de que el mundo entero esta de mi lado, siempre y cuando sea leal y verdadero a lo mejor que existe en mi.
 
Christian D. Larson
 

KHALIL GIBRAN: “SOBRE LOS HIJ@S”

“Tus hijos no son tus hijos.
 
Son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma.
 
No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen.
 
Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos,
 
Pues ellos tienen sus propios pensamientos.
 
Puedes hospedar sus cuerpos, pero no sus almas,
 
Porque ellas viven en la casa del mañana, que no puedes visitar ni siquiera en sueños.
 
Puedes esforzarte en ser como ellos, pero no procures hacerlos semejantes a ti
 
porque la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer.
 
Tú eres el arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados (…).
 
Deja que la inclinación en tu mano de arquero sea hacia la felicidad”.